Por la democracia obrera y la libre discusión en el movimiento obrero, contra las falsificaciones

El movimiento obrero internacional solo puede vivir y cumplir sus tareas si reconoce la legitimidad de la libre discusión, de la democracia obrera, del derecho de todos los militantes, corrientes y organizaciones que existen en su seno para defender libremente su punto de vista. Es por esto que, el Comité Obrero Internacional contra la Guerra y la Explotación por la Internacional Obrera (constituido en la Conferencia Mundial en Mumbai, India, en noviembre de 2016) fue fundado en base a estos principios, él considera necesario, en este número de su Carta de información semanal, alertar a los militantes obreros de todo el mundo acerca de la campaña de falsificación llevada a cabo por un hombre llamado Benoît Lahouze, que involucra a uno de los dos coordinadores del Comité Obrero Internacional.

Para que cada uno pueda hacerse su propia opinión, él publica: (1) extractos del correo del tal Benoît Lahouze a docenas de militantes de Gran Bretaña cuestionando camarada Daniel Gluckstein, director de publicaciones el semanario La Tribune des travailleurs (de Francia); (2) la carta de Daniel Gluckstein a los militantes británicos que recibieron ese correo, (3) una primera lista de militantes de Gran Bretaña que, independientemente de sus posiciones políticas, expresan su rechazo a los métodos de falsificación; (4) la reproducción completa del editorial de La Tribune des travailleurs n° 165 del 21 de noviembre de 2018 cuestionado por el correo de Benoît Lahouze. Estamos seguros de que nuestros lectores compartirán la importancia que concedemos a la lucha por la libre discusión en el movimiento obrero, contra cualquier falsificación. 

Daniel Gluckstein (Francia)
Nambiath Vasudevan (India)

Cocoordinadores del Comité obrero internacional (COI) 

a) Extractos Benoît Lahouze enviado a militantes británicos

Yo se que tu participante en noviembre de 2016 en un mitin europeo organizado en París por el POID (es posible que hayas encontrado a Jean-Pierre Barrois) contra la UE. Esa gente ha escrito varias veces en su periódico que el movimiento de los chalecos amarillos es de cierta manera fascista y que los dirigentes sindicales tienen razón de ignorarlos (y cosas peores, pues varias veces la dirección de la CGT también los ha comparado a una horda fascista). Reproduzco aquí un ejemplo de lo que ellos dicen. 

Consideramos que esta posición política es totalmente reaccionaria y está muy cercana de lo que dicen de los chalecos amarillos los dirigentes sindicales al mismo tiempo que negocian con Macron la destrucción de nuestras jubilaciones, de las condiciones de empleos en el sector público, del sistema de salud. 

Rouge est le drapeau des travailleurs

(la traducción es mía) He aquí dónde interviene el engaño a propósito del 17 de noviembre. Bajo el chaleco amarillo el trabajador sigue siendo un trabajador, el patrón un patrón. ¡Sin hablar de esos cuya camisa café se puede ver bajo el chaleco amarillo! ¿Quién es responsable de esta extraordinaria confusión? ¿El trabajador, el desempleado, el joven, que debe así actuar, de hecho, contra sus intereses, ¿al lado de los enemigos de clase? No, son esos que han provocado esta situación, situación posible que son responsables. Es un hecho: los “dirigentes de izquierda” que llamaron a votar Macron en 2017 rechazan la acción unida para bloquear su política y echarlo, tan respetuosos que son de la V República, de sus instituciones, de su calendario electoral… y añaden a la confusión apoyando a los “chalecos amarillos”. También es un hecho: los dirigentes de las confederaciones sindicales si correctamente han resistido a la presión que tiene como objeto llevarlos con los chalecos amarillos persisten no obstante a “concertarse” con el gobierno sobre el tema de la contrarreforma de las jubilaciones (entre otras) en lugar de organizar la acción de la clase unida con el objeto de bloquear estos ataques destructores. 


b) Carta de director de publicación de La Tribune des travailleurs 

A todos los militantes y organizaciones ligados a la democracia obrera, y al libre debate en el seno del movimiento obrero 

París, 16 de marzo 2019 

Estimados amigos, estimados compañeros, 

Varios militantes obreros de Gran Bretaña acaban de informarme haber sido destinatarios de correos que me ponen en cuestión como editorialista del semanario La Tribune des Travailleurs (del que soy director de publicación), y que ponen en cuestión al Partido Obrero Independiente Democrático (POID). No se trata aquí de desacuerdos políticos, que son siempre legítimos en el movimiento obrero, sino de falsificaciones. En ese correo, firmado por Benoît Lahouze, que se presenta como portavoz del Comité de correspondencia europeo (1), está escrito principalmente: 

“Sé que has participado en noviembre de 2016 a un mitin europeo contra la Unión Europea, organizado a París por el POID. Estos individuos no han cesado de escribir en su periódico que el movimiento de los chalecos amarillos es una variedad de fascistas y que los dirigentes de los sindicatos tienen razón de ignorarlos (en el mejor de los casos, ya que varias veces la dirección de la CGT ha comparado también ese movimiento a una movilización fascista) Léase a continuación, un ejemplo de lo que dicen”. 

Aquí, Benoît Lahouze se libra a una doble falsificación. 

Por una parte, el pasaje que él cita – cada cual puede verificarlo – evoca la presencia de “algunos” vestidos con camisas pardas entre los chalecos amarillos, allí donde Benoît Lahouze pretende que no cejaríamos de repetir que todo el movimiento de los chalecos amarillos en su conjunto es “una variedad de fascistas”. ¡Desafío a Benoît Lahouze a que presente una sola cita que diga eso! Es una falsificación manifiesta. 

Por otra parte, utilizando el método – muy conocido por todos los falsificadores – de la “cita selectiva”, Benoît Lahouze extrae cinco líneas de un texto que contiene casi diez veces más, poniendo mucho cuidado en eliminar el pasaje precedente que describe a los “chalecos amarillos” como un movimiento dispar y heterogéneo. Adjuntamos a este correo el editorial completo con el fin de que cada cual pueda constatar la grotesca falsificación. 

Los lectores atentos a todas las publicaciones del POID, de su semanario La Tribune des Travailleurs, de sus octavillas y comunicados, saben por lo tanto perfectamente que nunca hemos caracterizado de “fascistas” al conjunto de los chalecos amarillos. Sóo hemos subrayado el hecho de que, en ese movimiento dispar, intervenían elementos muy diversos, incluidos elementos de extrema derecha. Un hecho indiscutible, reconocido por todos los observadores, y en particular todas las corrientes del movimiento obrero, sea cual sea su actitud acerca de los “chalecos amarillos”, con la excepción notable del grupo al que pertenece Benoît Lahouze. 

Falsificar las posiciones políticas de sus adversarios, utilizar citas truncadas, atribuirles posiciones que no son las suyas, practicar la amalgama… Pensamos que esos métodos son ajenos al movimiento obrero, reservados a las horas más sombrías del estalinismo. Sin embargo, parece ser que Benoît Lahouze y sus amigos hayan decidido refrescarlos al estilo actual. 

El punto de vista de cada cual acerca de las cuestiones políticas se somete a la libre discusión, necesaria en el movimiento obrero. Pero los métodos de la falsificación, de la mentira, de la amalgama, no tienen ningún lugar en él y deben ser impugnados. 

Por lo tanto, me parece indispensable alertar a los militantes y a las organizaciones para que se guarden de tales falsificadores. Estoy a vuestra disposición si deseáis más informaciones. 

Daniel Gluckstein, director de publicación de La Tribune des travailleurs 

(1) Un Comité de correspondencia cuyos principales iniciadores son Alexis Corbière, diputado de La France Insoumise, Patrick Hébert, Melinda Sauger, Pascal Samauth y Jérôme Legrave de la redacción de Informations ouvrières. 


c) Primeras respuestas de Gran Bretaña a la aclaración firmada por Daniel Gluckstein 

Nos asociamos a la aclaración firmada por Daniel Gluckstein 

Jane Doolan, miembro de la dirección nacional del sindicato Unison et Secretario de la sección d’ Islington Londres (a título personal); Mike Calvert, Secretario adjunto de la sección Unison d’Islington Londres (a título personal); Charles Charalambous, antiguo Presidente de la UL des TUC de Torbay (a título personal); Terry Luke, jubilado miembro de la sección Unison de Islington Londres (a título personal); Stefan Cholewka, Secretario de la Asociación regional de las UL de los TUC del Gran Manchester (GMATUC), miembro del Labour Party (a título personal); Doreen McNally, antigua secretaria de la Asociación de esposas de los estibadores de Liverpool (Women of the Waterfront), miembro del sindicato Unite the Union Liverpool (a título personal); Raymond Mennie, miembro du Partido Comunista Británico, miembro de la Unite the Union de Dundee (Escocia) y de la UL de los TUC de Dundee (a título personal); Nick Phillips, miembro del sindicato Unite the Union, Londres (a título personal); Paul Filby, Miembro de la UL de los TUC de Merseyside y del Labour Party (a título personal); Alan Wylie, miembro de la sección Unison de Islington Londres (a título personal); Diana James, Vice-Secretaria de la sección Unison de Islington (a título personal); Philip Lewis, responsable higiene y seguridad de la sección Unison de Camden Londres (a título personal); John Burgess, Secretario de la sección Unison de Barnet Londres (a título personal); Margaret K. Taylor, miembro de la UL des TUC de Rochdale, miembro del sindicato Unite the Union, representante de los sindicatos en la sección del Labour Party de Rochdale (a título personal); Henry Mott, miembro du sindicato Unite the Union, miembro de la UL des TUC de Southwark Londres (a título personal); Mark Hollinrake, sindicato PCS (Seguridad social), Partido Verde Rochdale (a título personal); Fiona Monkman, Presidente de la sección Unison de Islington Londres (a título personal); John Owen sindicato Unite The Union Liverpool (a título personal); Ann Green sindicato Unison, Labour Party de Leicester (a título personal); Tony Richardson, miembro del sindicato Unite the Union, antiguo consejero municipal Labour de Wakefield (a título personal); Pat Edlin, miembro del Labour Party Islington Londres (a título personal); Bobby Haddock, miembro de Unite, Islington Londres (a título personal); Nat Queen: profesor, Universidad de Birmingham, sindicato UCU (a título personal); John Sweeney, Labour Leave (a título personal); Mouna Hamitouche, consejera municipal del Labour Party de Islington Londres (a título personal); Ian Hodson, Presidente del sindicato nacional de panaderos y de las industrias de alimentación (BFAWU) (a título personal). 


d) ¡La bandera de los trabajadores es de color rojo! 

Editorial de Tribune des Travailleurs n °165 del 21 de novembre de 2018 Daniel Gluckstein 

« Cualquiera que sea la escala de la movilización”, el 17 de noviembre « corre el riesgo de estar marcado por un gran equívoco », escribíamos en las columnas de La Tribune des travailleurs la víspera del día de bloqueo (de calles y carreteras en 

Francia -ndlt) por los « chalecos amarillos » (a). Los hechos reportados en este número 165 de La Tribune des travailleurs confirman ampliamente este pronóstico. 

Ciertamente, los lemas del tipo ¡ »Renuncia Macron”! reflejan el rechazo sin precedentes, de todas las capas de la población, al presidente Bonaparte caído de su pedestal, un rechazo que ya había interrumpido cada etapa de su « itinerancia conmemorativa » gira que realizó en el Este y el Norte de Francia, a principios de este mes de noviembre. Ciertamente, entre los manifestantes, todos los estratos sociales estaban representados, incluyendo a los trabajadores, a los desempleados y a los jóvenes que aprovechaban la oportunidad para expresar su furia contra el gobierno. 

Todo esto es cierto. ¿Pero podemos conformarnos con esto, como lo hacen los partidos y organizaciones de « izquierda » y « extrema izquierda » que aclaman el « éxito del 17 de noviembre », unos con un arrebato delirante por un movimiento del que disputan el liderazgo al Frente Nacional, los otros con una exaltación más moderada pero real? 

Por nuestra parte tenemos, nuestros lectores lo saben, otro sesgo: abordar todas las cuestiones no desde el punto de vista del “pueblo” (con el que nos hartaron todo el fin de semana), sino desde el punto de vista de las clases sociales. y la lucha que las opone. 

Analicemos el significado del 17 de noviembre bajo este ángulo. ¿Qué se puede decir sobre el alza de precio de los productos petrolíferos, que está al origen de la operación « chalecos amarillos »? 

Para el trabajador o empleado cuyo salario que está estancado desde hace años; para el jubilado sobre el cual el gobierno se encarniza amputando su exigua pensión; para la persona desempleada cuya reducida subvención está en la mira de la reforma del gobierno; para la madre de familia cuyos ingresos no le permiten llegar a fin de mes, decir « no al aumento de los impuestos sobre productos petrolíferos » es una forma de exigir más poder adquisitivo de los salarios, las pensiones, subsidios. 

Pero para el patrón de una empresa constructora que envía 50 camiones a un punto de reunión para el bloqueo el día 17 al amanecer (1), para aquellas empresas que contribuyen generosamente a la logística de la operación, para los medios de información, que son la propiedad de los principales grupos capitalistas, que no han cesado de llamar a los bloqueos, e incluso de hecho han sido coorganizadores, decir « no a los impuestos » sobre el petróleo es un primer paso que, muy rápidamente, se expande: no a los impuestos en general, no a los impuestos, « el Estado nos trinca todo » para pagar a los perezosos funcionarios, a los desempleados que se aprovechan, o pagar los servicios públicos inútiles, las pensiones escandalosamente altas, e incluso a ayudar a los inmigrantes que sería « mejor que los enviásemos de regreso a su casa » . Y luego, agregan los patrones y sus acólitos, todos vestidos de amarillo, « no sólo se trata de los impuestos: hay que pagar por el Seguro Social, las jubilaciones, todos estos cargos sociales que sofocan a nuestros negocios y nos impiden obtener ganancias”. ¿El pequeño patrón que tiene este lenguaje al menos es consciente de que simplemente está utilizando el programa de Macron, contra el cual, no obstante, él manifiesta? 

Este fue el discurso que dominó los bloqueos este fin de semana, generalmente pronunciado por « chalecos amarillos » experimentados y organizados, a menudo militantes políticos de la derecha extrema y de extrema derecha que llegaron con su cargazón de banderas tricolores e insultos racistas. Sus métodos de terror y su odio del obrero. 

¡Pero el obrero, el desempleado, el jubilado, la madre de familia, ellos necesitan que se abran escuelas, hospitales, oficinas de correos y no que los cierren! ¡Ellos tienen necesidad de la Seguridad Social, de sus pensiones! 

Es aquí donde está todo el engaño del 17 de noviembre. Bajo el chaleco amarillo, el obrero sigue siendo un obrero, y el patrón un patrón. ¡Sin mencionar a aquellos cuya camisa parda sobresale debajo del chaleco amarillo! (2) 

¿Quién es el responsable de esta extraordinaria confusión? ¿El obrero, el desempleado, el joven, que fueron llevados, no obstante, a actuar, de hecho, en contra de sus intereses, al lado de sus enemigos de clase? NO. Los responsables son los que hicieron posible esta situación. 

Es un hecho: los « dirigentes de izquierda » que llamaron a votar por Macron en 2017 desde entonces se niegan a la acción unida para bloquear su política y echarlo, por ser respetuosos de la V República, de sus instituciones, de su calendario electoral… y hoy añaden a la confusión al apoyar a los « chalecos 

amarillos ». También es un hecho: los dirigentes de las centrales sindicales, si se han resistido con razón a la presión para arrastrarlos con los chalecos amarillos, persisten, sin embargo, en « consultarse » con el gobierno sobre la contrarreforma de las pensiones (y las otras contrarreformas) en lugar de organizar la acción de clase unida para bloquear estos ataques destructores. 

Los militantes del POID están a favor de echar a Macron. Lo mostraron durante toda la campaña para la unidad « ¡Macron, un año, es suficiente! que condujo en París, el 13 de mayo, a la manifestación de miles y miles, con esta consigna, junto a los trabajadores y militantes de todas las tendencias del movimiento obrero y democrático. 

Pero no somos aventureros. Echar a Macron, sí, pero no para reemplazarlo por otro cualquiera. Es a los trabajadores y los jóvenes a quienes corresponde echar a Macron, actuando en el terreno de la clase, con el objeto de imponer la liquidación de la V República, la elección de una Asamblea Constituyente Soberana que rompa los lazos con la Unión Europea, y el surgimiento de un gobierno obrero capaz de remediar los sufrimientos que están aplastando al pueblo trabajador. 

Desde el punto de vista obrero, la cuestión del poder de compra requiere medidas conocidas. ¿Es necesario recordarlas? Por ejemplo: la derogación del IVA (el más injusto de los impuestos), el de la Contribución Social Generalizada, y las exenciones de las contribuciones sociales concedidas a los patrones; el aumento general de salarios, pensiones y subsidios para compensar la pérdida del poder adquisitivo desde su desindexación de precios (1983); bloqueo de los precios de los productos de consumo corriente, de los alquileres y cargos diversos y el suministro de energía; el financiamiento de todas estas medidas por un aumento en la imposición de las ganancias de las grandes empresas, comenzando con la confiscación total de los 100 mil millones de ganancias de las compañías del CAC 40 en 2018 (b); etc. 

Que los « partidos de izquierda » equivocados el 17 de noviembre rompan su promiscuidad con los patrones, la derecha y extrema derecha; que los dirigentes de las organizaciones sindicales cesen de confortar al gobierno al caucionar la « concertación » y llamen a la movilización contra las contrarreformas; entonces, sin duda, las condiciones comenzarán a reunirse, ya no a través del equívoco « unidad del pueblo » del 17 de noviembre, sino por la unidad obrera en, para y por la lucha de clase que arrasa al gobierno y su política. 

El objetivo de la clase obrera no puede ser gritar ¡“Renuncia Macron”! en compañía de quienes, de hecho, reclaman de Macron que él vaya hasta el final de su política. El objetivo sólo puede ser echar esta política. 

Los trabajadores no tienen nada que ganar al ponerse el chaleco amarillo, el color de los rompe huelgas. 

No tienen nada que ganar al blandir la bandera tricolor, la de la V República, y antes de ella la de los versalleses (b), que fusilaron a 100 000 comuneros (c) para defender el orden burgués. Roja es la bandera, bandera que ondea en las barricadas de 1848 y 1871 y en las huelgas generales de 1936 y 1968. El color rojo es, en todo el mundo, el color de la bandera de la clase obrera organizada para el combate. 

La bandera de los trabajadores es de color rojo. 

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(a) chalecos amarillos: En Francia por ley todo automovilista debe tener en su automóvil un chaleco amarillo fluorescente que en caso de accidente debe utilizar para esperar socorro al borde de la carreta. En su defecto debe pagar una multa -ndlt
(b) CAC 40 es el principal índice bursátil de la Bolsa de París -ndlt
(c) versalleses: ejercito aliado al emperador francés Luis Bonaparte III de Francia que combatieron a los miembros de la Comuna de París en 1871 -ndlt
(d) comuneros, miembros de la Comuna de París -ndlt
(1) Visto en el canal de la televisión francesa BFM TV, 16 de noviembre.
(2) Uniformes SA, secciones de asalto del partido hitleriano en Alemania en las décadas de 1920 y 1930. 


Me asocio a los militantes británicos que rechazan las falsificaciones