ITALIA 29 de noviembre – Contra la política del gobierno de Meloni, 500.000 trabajadores en las calles.

Millones de trabajadores de todos los sectores se pusieron en huelga el 29 de noviembre como respuesta al llamamiento de la CGIL y de la UIL, contra la política del gobierno de Meloni, en particular contra la ley de finanzas que prevé 5.700 despidos en las escuelas, cuatro mil millones menos para los municipios y nuevos recortes a los cuidados, a la salud…

Se llamó también a la huelga por el aumento a los salarios y a las pensiones, en un contexto en el que el poder de compra es ya inferior al de 1993.

Quinientos mil trabajadores de cuarenta y seis ciudades salieron a la calle: 50.000 en Bolonia, 30.000 en Nápoles, 15.000 en Milán. En Turín, en donde al menos 30.000 trabajadores se manifestaron, un largo cortejo atravesó el centro de la ciudad y llenó la plaza central.

La adhesión a la huelga ha sido muy fuerte: más del 70% de los trabajadores en toda Italia”, anunciaron los sindicatos. En muchas fábricas, la huelga fue seguida inclusive por el 100% de los asalariados. Es el caso de Heineken en Taranta, de Sammontana en Florencia, de Citterio en Parma, de Lagostina en Novara y de Dana en Regio Emilia. Muchas escuelas permanecieron cerradas.

Un trabajador declaró en la manifestación de Turín: “Sería necesaria una huelga de una duración ilimitada para verdaderamente hacer retroceder al gobierno. Eta huelga es muy justa, pero en estos últimos tiempos, la huelga corre el riesgo de volverse una declaración de existencia más que una lucha para obtener realmente algo”. Otro trabajador: “No podemos permitir el suprimir el derecho de huelga, lo que es un peligro real. Es también por eso que es esencial hacer la huelga”.

Un trabajador del grupo Stellantis plantea: “¿Y ahora? Está muy bien esta huelga, pero ¿cómo hacer retroceder al gobierno?”

La prueba de fuerza solo ha comenzado. El ministro del Trabajo, Salvini (Liga del Norte), quien impuso a los trabajadores del transporte el limitar la huelga a cuatro horas, se declara listo para renovar esta limitación, frente a las nuevas huelgas anunciadas para diciembre.

Por su lado, el secretario general de la CGIL, Landini, declara: “Queremos darle vuelta al país como a un calcetín” añadiendo: “Llegó la hora de una verdadera revuelta social. Sin revuelta, no hay libertad”.

Sea. Pero entonces ¿cómo permitir a la revuelta social alcanzar sus fines? Imponiendo la derogación de la ley anti-huelga aprobada en los años 1990 por el centroizquierda con el apoyo de las direcciones sindicales.

¿Cómo obtener la satisfacción del conjunto de las reivindicaciones? Esta cuestión ya está en el centro de las asambleas de los trabajadores.

Lorenzo Varaldo