AFGANISTÀN Derechos humanos: la OTAN practica el doble rasero

Artículo publicado en Eteraz, periódico de la Left Radical of Afganistan (Izquierda Radical de Afganistán)

Durante la guerra más larga librada por Estados Unidos y la OTAN, los ocupantes sufrieron una derrota en Afganistán. En esta guerra librada con fuerzas despropor­cionadas, no solamente el pueblo afgano sufrió pérdidas irreparables de vidas, sino que la infraestructura y las bases socioeconómicas del país fueron aniquiladas. Aunque los invasores estadounidenses y sus aliados ocuparon Afganistán so el pretexto de reconstruir el país, instaurar la democracia y proteger los derechos huma­nos, rápidamente quedó claro para la po­blación que sólo estaban ahí para llevar a cabo sus nefastos objetivos económicos, militares y políticos.

La protección de los derechos humanos es una de esas consignas fascinantes que los regímenes imperialistas utilizan como armas contra sus rivales y adversarios. Detrás de la máscara de esta consigna de defensa de los derechos humanos y para lograr sus objetivos militares, económicos y políticos, intervienen en los asuntos internos de otros países, ayudan a los parti­dos y grupos de oposición que seleccionen en algunos países, les imponen sanciones económicas o los invaden y les imponen una ocupación militar.

En todo el mundo, son los países impe­rialistas y el propio sistema capitalista, basado en el interés propio y la explota­ción, lo que sigue existiendo pisoteando las libertades y derechos de otros seres huma­nos. En el sistema capitalista, todos los valores espirituales, la dignidad humana y la libertad son reemplazados por la especu­lación y el aumento del capital y de tal suerte la barbarie y la injusticia ocupan el lugar de la civilización y los valores humanos.

Los Estados Unidos atacaron a los afga­nos en represalia por la muerte de unas 3.000 víctimas de los ataques del 11 de septiembre de 2001 e invadió Afganistán un mes después. Cientos de miles de afganos han muerto y cientos de miles más han resultado heridos y mutilados durante los 20 años de ocupación y guerra librada por Estados Unidos y los países de la OTAN. Asimismo, millones más han debido huir de sus hogares o emigrar a otras partes del mundo.

Los Estados Unidos, que pretenden ser el único defensor de los derechos humanos en el mundo, después de matar y mutilar a casi un millón de afganos en represalia por los ataques del 11 de septiembre, ha reteni­do a decenas de miles más en prisiones de Bagram (*) y Guantánamo (*). Los prisio­neros en estos campos han sido torturados cruelmente. Los gobiernos de los Estados Unidos y los países de la OTAN han otor­gado impunidad a los antiguos caudillos y criminales de guerra y han pasado acuerdos con ellos para perseguir sus intereses ilegí­timos en Afganistán.

Tras la formación del gobierno interino en la conferencia de Bonn en diciembre de 2001, se decidió que sería instaurada una Comisión de Derechos Humanos para Afganistán. Luego, en junio de 2002, fue creada la « Comisión Independiente por los Derechos Humanos en Afganistán ». Apa­rentemente la comisión tenía la tarea de vigilar y proteger los derechos humanos en Afganistán y presentar en los Tribunales a quienes habían cometido delitos. Sin em­bargo, esta comisión se convirtió rápida­mente en una pantalla para encubrir los ataques contra los de derechos humanos por parte del gobierno y las fuerzas extran­jeras que no investigaron quién era respon­sable de crímenes de guerra y de los críme­nes contra los derechos humanos ni trató demandarlos judicialmente. La comisión preparó un informe provisional para la justicia, pero no lo hizo público y no tomó medidas concretas para garantizar su segui­miento efectivo. En 2007, la “Asamblea Nacional” de Afganistán, formada princi­palmente por ex caudillos, criminales deguerra e individuos culpables de abusos contra los derechos huma­nos, aprobó una ley que exonera a todos los criminales de guerra y todos aquel­los que fueron culpables de delitos contra los derechos humanos y anularon todas las denuncias realizadas en su contra.

En noviembre de 2017, el Tribu­nal Penal Internacional (TIC) de La Haya decidió realizar una investiga­ción sobre crímenes de guerra y violaciones de derechos humanos en Afganistán. El Tribunal pidió una investigación sobre los crímenes cometidos por el gobierno afgano, la OTAN y, en particular, los Estados Unidos y la CIA, los talibanes y otros grupos que habían participado en la guerra de Afganistán desde 2003. No obstante el pueblo afgano, la sociedad civil y los defensores de los derechos humanos apoyan la iniciativa de la Tribunal Penal Internacional, los países extranjeros, especialmente el gobierno de los Estados Unidos y la CIA, siempre han frustrado los esfuerzos del Tribunal Penal Internacional y en su camino se interpusieron Donald Trump y Mike Pompeo, los más altos funcionarios del gobierno de Estados Unidos, protestando contra la decisión del Tribunal Penal Inter­nacional de investigar los crímenes de guerra cometidos por agentes de la CIA y soldados estadounidenses en Afganistán. Amenazan al Tribunal Penal Internacional con rechazar visas a los nacionales de los princi­pales países y a sus familiares y conge­lar sus bienes. (Estados Unidos ha impuesto sanciones contra altos funcionarios del Tribunal Penal Internacional y entre ellos la fiscal principal Fatou Bensouda. – BBC, 2 de septiembre de 2020).

Cuando fue firmado el acuerdo de paz entre Estados Unidos y los tali­banes en Doha, en febrero de 2020, los talibanes impusieron una condi­ción sine qua non, es decir, la libera­ción de cinco mil de ellos encarcela­dos en las cárceles del gobierno afgano. El gobierno de los Estados Unidos aceptó la propuesta de los talibanes, pero el presidente Ashraf Ghani se opuso, explicando que, para él, esto constituía una línea roja a no franquear, enfatizando que no liberaría a ningún prisionero talibán mientras exista un alto el fuego no fuera instaurado en todo el país.

¡La posición del presidente títere de Afganistán enfureció a la admi­nistración Trump y pronto se vio obligado a abandonar su línea roja y liberar a 4 600 talibanes antes de cualquier cese el fuego! Ashraf Ghani hacía depender la liberación de los 400 prisioneros talibanes res­tantes, considerados como peligrosos por el gobierno afgano porque la mayoría de ellos fueron condenados a muerte por un tribunal por masa­cres, secuestros, tráfico de drogas, violación, de la decisión de una Loya Jirga, – gran asamblea de altos digna­tarios afganos –, simbólica.

El día en que se llevó a cabo la Loya Jirga, la Embajada de Estados Unidos en Kabul distribuyó docu­mentos a los 3400 participantes en la Jirga instándolos a votar por la libe­ración de 400 prisioneros, incluidos los 9 individuos reconocidos como asesinos de soldados franceses y australianos en Afganistán. Tras la decisión de la Jirga a favor de la liberación de los 400 peligrosos detenidos, Emmanuel Macron instó al gobierno afgano a no liberar a los asesinos de los soldados franceses. ¿El gobierno francés no comprende que no está en el poder del gobierno afgano liberar o no a los que mataron a los soldados franceses y que el acuerdo para la liberación de 5000 prisioneros talibanes fue firmado entre los talibanes y el gobierno de los Estados Unidos y no el gobierno afgano? Por lo cual la demanda hecha por Macron de no liberar a los asesinos de sus conciudadanos civi­les o militares es estúpida. Macron debe dirigir su demanda a los Esta­dos Unidos y no al gobierno títere de Afganistán.

En abril de 2017, cuando el go­bierno afgano inició conversaciones de paz con el partido islámico Gulbuddin, el gobierno francés se opuso a la liberación de los prisio­neros del partido islámico por el asesinato de 16 soldados franceses asesinados por combatientes del partido islámico en los distritos de Surobi y Tagab. Pero este desacuer­do desapareció rápidamente ante la presión de los Estados Unidos y a favor de un acuerdo político y Gul­buddin Hekmatyar, famoso caudillo, conocido por violar los derechos hu­manos, nunca fue juzgado y ha entra­do en el Gobierno. Él y su partido recibieron diversos beneficios eco­nómicos y compensaciones del gobierno afgano y de los Estados Unidos y todos los prisioneros fueron liberados.

Asimismo, el primer ministro australiano, Scott Morrison, explicó que estaba intentando mantener en prisión al asesino de tres soldados australianos. Otros países europeos también han expresado su oposición respecto de la liberación de los soldados talibanes responsables de la muerte del personal de su embajada en Kabul.

Parece ser que ahora el proceso de paz depende de la liberación de solamente seis prisioneros, a lo que se oponen Francia y Australia. Pero los otros 4091, cuyas manos están manchadas con la sangre de decenas de miles de afganos pobres, no tie­nen importancia a los ojos de las organizaciones de derechos huma­nos, ni de Francia, ni de Australia, ni de los Estados Unidos o países miem­bros de la OTAN Esta posición de doble rasero por parte de Estados Unidos y los países miembros de la OTAN plantea interrogantes en Afganistán donde uno se pregunta si la sangre de soldados franceses, australianos o de países miembros de la OTAN es más roja que la sangre del pueblo afgano.

¿Los soldados franceses, austra­lianos y estadounidenses vinieron a Afganistán como turistas y degustar la gastronomía o vinieron a librar una guerra brutal? Durante la presi­dencia de Obama en 2009 cayeron 4147 bombas sobre el país y durante la presidencia de Trump se han utili­zado 7423 bombas, solamente en 2019, contra el pueblo de Afganistán que mató o hirió a miles de hombres, mujeres y niños afganos. Los Estados Unidos utilizaron el arma no nuclear más poderosa en la provincia de Nangarhar, por primera vez en 2017, para mostrar sus devastadores efec­tos a sus rivales. Pero ni Francia ni Australia ni ningún otro país ha condenado jamás este acto de barba­rie cometido por Estados Unidos, nunca lo ha calificado de crimen de guerra ni de violación de los dere­chos humanos.

Estas posiciones adoptadas por el gobierno de los Estados Unidos y los países de la OTAN indican clara­mente que la postura asumida por los países occidentales es falaz y que solamente son palabras vacías desti­nadas a engañar a los pueblos del mundo para dar legitimidad a sus acciones inhumanas y sus viola­ciones de derechos.

Tal política de doble discurso por parte de los Estados Unidos, Francia y Australia en relación a los derechos humanos muestra el compromiso de estos países en la protección de los derechos y el crédito que otorgan. a su propio discurso. Pero el pueblo de Afganistán nunca perdonará estos crímenes de guerra o violaciones de derechos humanos por parte de los Estados Unidos, Francia, Australia y los países miembros de la OTAN. 

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(*) Bagram es una localidad de Afganistán situada a 60 km al norte de Kabul.

(*) En Guantánamo (Sur de cuba), no solamente existe una base naval militar de los Estados Unidos, existe también un centro de detención militar de alta seguridad.