PAKISTÁN « Los sindicatos deben desempeñar plenamente su papel en la organización de las obreras en su domicilio » Un artículo de Samina Fayyaz, Secretaria Adjunta, Unión de trabajadores en su domicilio

Las mujeres que trabajan en su domicilio se encuentran en una situación muy difícil. Cientos de ellas se dedican al trabajo industrial en su domicilio, remuneradas por pieza en un entorno informal. Las tareas subcontratadas (maquila -ndlt) que las mujeres realizan incluyen la fabricación de pulseras, ropa, envases, juguetes de plástico, pueden ser bordados, costura o fabricación de zapatos… y también el acondicionamiento y acabado de las baterías. Durante años ellas han luchando por sus derechos. 

Las organizaciones femeninas y los sindicatos deben organizar y movilizar a estas mujeres con el objeto de que ellas hagan saber que el trabajo que están realizando no es reconocido. Movilicémonos y luchemos para obligar al gobierno a elaborar leyes para las obreras en su domicilio 

El gobierno provincial de Sindh (Pakistán) aprobó una ley que les permite tener acceso a los beneficios de la Seguridad social. Este es un paso en la buena dirección, pero la única forma de garantizar la aplicación real de esta ley es que las organizaciones sindicales y los sindicatos de obreras en su domicilio desempeñen su papel de manera efectiva, manteniendo diálogos con el ministerio de Trabajo, redactando sus reivindicaciones sobre la aplicación de esta ley e informando a las trabajadoras sobre sus derechos. 

Las obreras en su domicilio se quejaron con nosotros: cambian sin interrupción de trabajo, su salud se deteriora, sufren diversas enfermedades. Las que cosechan dátiles para acondicionarlos en empaquetes [de celofán o cartón – ndlt], o separan los juguetes de plástico con tijeras industriales se quejan de dolor crónico en las manos. Permanecen sentadas en una posición donde el cuerpo se contrae provocando dolor persistente en la espalda y el cuello. La exposición a productos químicos, presentes en una gran cantidad de objetos que ellas manipulan, es nociva para la salud. Debido a que el trabajo 

requiere mucha atención, las mujeres se quejan de problemas visuales. Muchas de ellas padecen de hepatitis y trastornos ginecológicos. 

Las obreras en su domicilio tienen salarios muy bajos, inferiores al salario mínimo de un obrero no calificado y prácticamente no remuneradas. Tome el ejemplo de los brazaletes. Su producción requiere alrededor de 60 manipulaciones, de las cuales 20 corresponden al trabajo de mujeres en su domicilio. El cierre debe ser de la misma dimensión para todos y requiere una manipulación sobre una flama. El costo de este trabajo es de 6 rupias para una serie que se vende por 365 rupias [Rs1 = €0,005566 euros, -ndlt]. Incluso las obreras las más eficaces, que permanecen encorvadas y apagan el ventilador para que la llama no se tambalee, logran reducir el tiempo necesario para realizar una serie pasando de 20 a 12 minutos. Con perseverancia, podrán aumentar sus salarios diarios en 50 rupias, pero esto no es suficiente para obtener un salario digno. 

Vincular la lucha de las obreras en su domicilio con la de las Federaciones Sindicales. 

Aunque las mujeres son libres de aceptar o rechazar el trabajo y tienen la oportunidad de realizar el trabajo en su casa, hay un margen de maniobra limitado. Trabajar en su casa reduce su movilidad y sus contactos con colegas, empresas y administraciones. La mayoría de las mujeres son incapaces de dar el nombre de la empresa o del patrón para el que trabajan. Los intermediarios que les entregan los materiales pueden beneficiarse de su aislamiento y obligarlas a aceptar salarios de miseria. Incluso cuando obtienen un aumento, es pequeño. Además, no existe un contrato formal y las condiciones de trabajo siguen siendo impredecibles, sin garantía de empleo. 

Los hijos también son víctimas, ya que 

pierden el acceso a su espacio en sus hogares. Sus madres requieren de su ayuda, por lo que están expuestos a los mismos riesgos para su seguridad y salud. Dado que las obreras en su domicilio son esencialmente mujeres, mal remuneradas, en trabajos precarios e informales, que no están en condiciones de formar realmente un sindicato, este tipo de trabajo es una forma de discriminación sexista erigida en sistema. Contribuye a la marginación económica de las mujeres. A las obreras en su domicilio, que también tienen responsabilidades familiares, se les dificulta encontrar tiempo para asistir a las reuniones sindicales. 

Los sindicatos por el momento descuidan a las obreras en su domicilio, cuyo número aumenta con el incremento de la inflación. Las ONG, son incapaces de movilizarlas sobre una plataforma, no obstante tienen los medios financieros para contactarlas. El problema no fue ignorado y finalmente los legisladores tuvieron que responder políticamente y adoptar una ley; pero la ardua tarea de hacer realidad estos derechos, exige la organización y la movilización política. De lo contrario, la ley en sí no es más que una quimera. 

Es necesario sensibilizar y movilizar a estas obreras en su domicilio, para que acompañadas por los sindicatos vayan a las administraciones concernidas para que sean aplicadas las medidas relativas al salario mínimo, la seguridad social, el derecho a una pensión de jubilación y otros beneficios provistos por el Código del Trabajo. 

Hemos pasado demasiado tiempo esperando que se apliquen las leyes y los reglamentos. Las obreras en su domicilio deben ligar su lucha con la de las Federaciones Sindicales, para que su lucha por la aplicación de la ley se facilite y se escuchen sus voces. Las ONG no son capaces de obtener la aplicación de las leyes sobre las obreras en su domicilio. 